aprendimos a explicar esas decisiones sin convertirlas en un castigo.
Yo dejé de interpretar cada mensaje de Rebeca como una amenaza contra nuestra tranquilidad.
Eso no significaba olvidar cómo se marchó.
Significaba reconocer que podía proteger a mis hijos sin pasar el resto de mi vida reaccionando desde el miedo.
Un año después de su regreso celebramos el cumpleaños número quince de Jimena.
Había pedido una comida sencilla, con sus amigos, sus hermanos y las personas cercanas. Preparó ella misma una lista de invitados y decidió qué quería cocinar.
Mariana