una felicitación sencilla. Su madre le deseaba un buen cumpleaños y le decía que respetaría cualquier momento que escogiera para volver a hablar.
Mi hija guardó el teléfono.
Después me preguntó si me molestaba que continuara comunicándose con ella.
Le respondí que no.
Quería que pudiera conocer su historia y tomar decisiones acompañada, sin sentirse obligada a rechazar a una persona para demostrar cariño por otra.
Jimena me abrazó.
Luego regresó con sus amigos.
Me quedé unos minutos en la cocina, recordando la mañana en que Rebeca desapareció y yo