Una mañana mi esposa desapareció, dejándome solo con cuatro hijos pequeños y una nota de suicidio. Durante años trabajé incansablemente para mantener a la familia. Cuando por fin nos establecimos, apareció en la puerta… Creía que aún tendría un lugar en nuestras vidas, pero lo que encontró tras esa puerta fue mucho más doloroso de lo que jamás hubiera imaginado.

orientación para saber cómo gestionar cualquier contacto.

Matías preguntó si ella sabía tocar la guitarra.

Emiliano quiso saber por qué nunca llamó en sus cumpleaños. Gael, que normalmente hablaba hasta dormido, permaneció callado.

Cada uno reaccionaba de una manera distinta. No podía pedirles una respuesta común solo porque fueran hermanos.

Mientras tanto, Rebeca me pidió otra conversación. Nos encontramos en el despacho de una profesional de orientación familiar, donde podríamos hablar sin interrupciones.

Me contó que, antes de marcharse, llevaba mucho tiempo sintiéndose incapaz de afrontar las responsabilidades domésticas. Había