que sobreviví porque volviste con dinero.
Caleb asintió.
—Yo tampoco.
—Quiero que sepan que esta granja siguió en pie porque mucha gente ayudó. Harper, Thomas, Daniel… Y porque yo no me rendí.
—Eso es exactamente lo que deberían saber.
Elora respiró profundamente.
—Voy a convertir una parte de las tierras en una cooperativa. Otras familias podrán cultivar aquí, compartir maquinaria y vender sus productos sin depender de intermediarios abusivos.
Caleb la miró sorprendido.
Aquello no era un sueño improvisado. Elora había preparado planos, presupuestos y acuerdos con varios vecinos.
—Es