La mañana de mi examen, mi hermana me sujetó del brazo en el garaje y me rompió la muñeca. Mientras yo gritaba de dolor, mi padre solo dijo:

te llaman.

—Es la prueba de que Lorena me agredió.

—¡Mientras vivas bajo mi techo, aquí mando yo!

Sacó la memoria del bolsillo y la levantó frente a mí.

—Esto no va a salir de esta casa.

Entonces apareció Karla con su celular.

—Señor Arturo, estoy grabando esta conversación. Destruir una prueba no va a borrar lo que sucedió. La vecina puede conservar el archivo original.

Mi padre nos miró con una expresión de odio.

Finalmente arrojó la memoria sobre una mesa.

—Llévensela. Pero desde este momento, Mariana, puedes olvidarte