La mañana de mi examen, mi hermana me sujetó del brazo en el garaje y me rompió la muñeca. Mientras yo gritaba de dolor, mi padre solo dijo:

izquierda avanzaba lentamente.

Cada palabra requería concentración.

Mientras otros candidatos llenaban páginas enteras, yo tenía que elegir cuidadosamente cada oración.

El dolor me obligaba a descansar unos segundos entre respuestas.

Pero conocía el material.

Había pasado años estudiándolo.

Y ninguna fractura podía borrar lo que llevaba dentro de mi cabeza.

Cuando entregué mi última hoja, sentí una mezcla de agotamiento y alivio.

No sabía si aprobaría.

Solamente sabía que Lorena no había conseguido impedir que lo intentara.

Dos semanas después, todavía estaba esperando los resultados.

La Fiscalía ya había recibido