izquierda avanzaba lentamente.
Cada palabra requería concentración.
Mientras otros candidatos llenaban páginas enteras, yo tenía que elegir cuidadosamente cada oración.
El dolor me obligaba a descansar unos segundos entre respuestas.
Pero conocía el material.
Había pasado años estudiándolo.
Y ninguna fractura podía borrar lo que llevaba dentro de mi cabeza.
Cuando entregué mi última hoja, sentí una mezcla de agotamiento y alivio.
No sabía si aprobaría.
Solamente sabía que Lorena no había conseguido impedir que lo intentara.
Dos semanas después, todavía estaba esperando los resultados.
La Fiscalía ya había recibido