La mañana de mi examen, mi hermana me sujetó del brazo en el garaje y me rompió la muñeca. Mientras yo gritaba de dolor, mi padre solo dijo:

carrera de mi hermana.

Lorena estaba encantada.

Vestía un conjunto de seda color esmeralda y llevaba unos aretes que seguramente mi padre había pagado con otra tarjeta de crédito.

En cierto momento levantó su copa.

—Quiero brindar por las mujeres que sí sabemos aprovechar las oportunidades. Porque hay personas que pierden años estudiando para conseguir un puesto que jamás van a obtener.

Todos rieron.

Después me señaló.

—Como mi hermanita. Tanto esfuerzo para terminar sirviendo bebidas.

Sentí las miradas de los invitados sobre mí.

Mi padre sonrió.

Mi madre fingió