no escuchar.
Entonces mi celular vibró.
Era un correo del despacho.
Dejé la charola sobre una mesa y caminé hacia el pasillo.
Abrí el mensaje con la mano izquierda.
Leí las primeras líneas.
Después tuve que leerlas nuevamente.
Había aprobado.
No solamente eso.
Había obtenido la calificación más alta entre los 186 participantes del concurso.
El comité había destacado especialmente la precisión de mis argumentos jurídicos y mi capacidad para resolver los casos bajo circunstancias extraordinarias.
También había una carta adjunta.
Me ofrecían oficialmente la plaza de abogada litigante.
Sueldo