Mi padre compró botellas caras y contrató comida para quince invitados.
Mi madre decoró la sala con flores blancas.
A mí me ordenaron servir las bebidas.
—Ya que terminaste tus exámenes, por lo menos puedes ayudar en algo —dijo Patricia.
Acepté únicamente porque estaba esperando una llamada importante y tenía preparada mi salida de aquella casa.
Esa noche me puse un vestido negro sencillo y recogí mi cabello.
La férula todavía cubría mi brazo derecho.
Mientras caminaba entre los invitados con una charola ligera, escuchaba las conversaciones sobre la maravillosa