valoraban mis opiniones. Mis superiores confiaban en mi criterio.
Aquella tranquilidad me parecía casi irreal.
Mientras tanto, Lorena enfrentaba su proceso penal.
La grabación, el informe médico y las declaraciones de los testigos dejaron muy poco espacio para sostener que había sido un accidente.
Meses después aceptó su responsabilidad mediante un procedimiento abreviado. El juez determinó las consecuencias penales correspondientes y la obligación de reparar el daño.
Mi padre tuvo que reconocer que había mentido sobre las circunstancias de mi lesión.
Sin embargo, todavía faltaba descubrir otra verdad.
Tres meses