negociar con sus acreedores y buscar asesoría independiente.
Después me despedí.
Durante los meses siguientes, intentaron reestructurar las deudas, pero no lograron reunir el dinero necesario.
Finalmente vendieron la casa con autorización del acreedor hipotecario para evitar que el procedimiento terminara en un remate judicial.
También tuvieron que desprenderse de los vehículos y de la mayoría de sus pertenencias de valor.
Se mudaron a una vivienda mucho más modesta.
Lorena perdió su falsa vida de lujos y comenzó a trabajar en una tienda mientras cumplía las obligaciones impuestas por el