La mañana de mi examen, mi hermana me sujetó del brazo en el garaje y me rompió la muñeca. Mientras yo gritaba de dolor, mi padre solo dijo:

Al final escribió:

“Te envidiaba porque tú podías construir algo sin depender de nadie. Quise quitarte lo que yo no había sido capaz de conseguir. No espero que me perdones, pero ahora entiendo lo terrible que fue lo que hice”.

Guardé aquella carta.

No respondí inmediatamente.

Necesitaba tiempo.

Un año después de la agresión, me encontraba trabajando en un caso importante cuando tomé mi pluma con la mano derecha.

La observé durante unos segundos.

La muñeca todavía conservaba una pequeña cicatriz.

Pero podía escribir nuevamente.

Recordé aquel garaje.

Recordé la