—Siempre tan importante, Mariana.
Intenté entrar al coche.
Entonces me sujetó la muñeca derecha con ambas manos.
Antes de que pudiera reaccionar, me torció el brazo hacia atrás y descargó su peso sobre él.
Escuché un chasquido espantoso.
Caí de rodillas.
—¡Lorena! ¡Me rompiste la mano!
Ella retrocedió, acomodándose tranquilamente el cabello.
—Pues aprende a no presumir tanto.
Después entró a la casa.
Unos segundos más tarde apareció mi padre.
—¡Papá, ayúdame! ¡Lorena me atacó!
Arturo observó mi muñeca deformada y después miró hacia la puerta por donde mi hermana