a los ojos.
Por primera vez en mi vida, sin miedo.
—Corrigiendo un error.
Señalé a mi padre.
—El ADN puede decir lo que quiera.
Pero el hombre que se levantaba a las tres de la mañana cuando tenía fiebre…
el que trabajaba doble turno para que yo pudiera estudiar…
el que nunca se fue…
Ese es mi padre.
Mi voz se quebró, pero no me detuve.
—Tú me diste la vida.
Él me enseñó a vivir.
Mi padre bajó la cabeza y se cubrió los ojos con la mano.