Nunca lo había visto llorar.
Mi madre empezó a temblar.
—Lucas… yo solo quería… arreglar las cosas…
Negué con la cabeza.
—No.
Querías volver cuando viste que ahora valgo algo.
Silencio.
Pesado.
Doloroso.
Definitivo.
Caminé hasta la puerta y la abrí.
—Gracias por venir.
Pero llegaste 22 años tarde.
Ella no dijo nada.
Salió lentamente.
Cuando la puerta se cerró, la casa quedó en silencio.
Me giré hacia mi padre.
Nos miramos unos segundos.
Y entonces lo abracé.
Fuerte.
Como cuando era niño.
—Gracias por no irte nunca…
Su voz