media desde el intento de asesinato.
No estaba sufriendo.
No estaba esperando noticias.
Estaba celebrando.
Mariana volvió a mirar la pantalla varias veces. No porque dudara de lo que veía, sino porque necesitaba aceptar hasta dónde había llegado la persona que compartió su vida.
En ese momento comprendió algo importante.
Sergio no había preparado solamente una desaparición.
Había preparado una historia completa donde él sería la víctima, donde ella sería recordada como una mujer perdida y donde nadie cuestionaría que recibiera el dinero del seguro ni el control de la