MI MARIDO RECIBIÓ UNA PU-ÑA-LA-DA POR SU AM-AN-TE… Y TODAVÍA TUVO EL DESCARO DE PEDIRME QUE LE LIMPIARA Y LO CUIDARA. ESA MISMA NOCHE VOLÉ A PARÍS.

estudiante convencida de que podía contribuir a cambiar algo.

Una tarde, después de presentar una propuesta técnica, mi antigua profesora me pidió que me quedara.

—Evelyn, ¿puedo hacerte una pregunta?

Asentí.

—¿Por qué tardaste tanto en volver?

Miré mis manos.

Busqué una respuesta sencilla.

No la encontré.

—Creí que amar a alguien significaba poner sus sueños delante de los míos.

La profesora me observó con ternura.

—A veces hacemos sacrificios por amor. Eso no es necesariamente malo.

Hizo una pausa.

—Lo peligroso es cuando el sacrificio se convierte en la