MI MARIDO RECIBIÓ UNA PU-ÑA-LA-DA POR SU AM-AN-TE… Y TODAVÍA TUVO EL DESCARO DE PEDIRME QUE LE LIMPIARA Y LO CUIDARA. ESA MISMA NOCHE VOLÉ A PARÍS.

voz tenía valor.

Adrian viajó a París cuando habían pasado casi cinco meses.

No me avisó hasta que llegó.

Me envió un mensaje desde la recepción del edificio donde trabajaba.

«Evelyn, estoy aquí. Solo quiero verte diez minutos».

Durante un largo rato contemplé la pantalla.

Finalmente acepté encontrarme con él en una cafetería cercana.

Cuando entré, apenas lo reconocí.

Había adelgazado.

Su rostro mostraba ojeras profundas y caminaba con cierta cautela.

Al verme, se levantó inmediatamente.

—Evelyn.

Me senté frente a él.

—¿Qué necesitas, Adrian?

Bajó la mirada.

—Quería verte.