MI MARIDO RECIBIÓ UNA PU-ÑA-LA-DA POR SU AM-AN-TE… Y TODAVÍA TUVO EL DESCARO DE PEDIRME QUE LE LIMPIARA Y LO CUIDARA. ESA MISMA NOCHE VOLÉ A PARÍS.

al escenario.

Las conversaciones se apagaron.

Miré a los profesionales reunidos frente a mí y comencé a hablar.

—Hace algunos años, cuando este centro era apenas un proyecto, creía que el mayor logro de mi vida sería ayudar a construir algo que llevara el nombre de la persona que amaba.

Me detuve.

—Hoy comprendo que construir algo valioso no significa desaparecer detrás de otra persona.

En la primera fila, una de las enfermeras sonrió.

Continué:

—Este lugar no pertenece a una sola historia ni a un solo nombre. Pertenece también