—Quizá todavía está en shock.
Tenía razón.
La rabia llegó después.
Mucho después.
Llegó cuando vi el primer informe obstétrico.
Dos sacos.
Dos embriones.
Dos frecuencias cardíacas.
Yo había guardado una copia digital.
La abrí en casa de mi madre después de recibir el alta.
Y grité.
No lloré bonito.
Grité.
Golpeé una almohada.
Tiré una taza.
Mi madre se sentó en el suelo conmigo.
No intentó detenerme.
—Tenían latido.
dije.
—Lo sé.
—Yo iba a decírselo.
—Lo sé.
—Un mes antes fui a su oficina.
—Estuve dos horas afuera.