e instalación definitiva”.
Carmen leyó aquellas palabras 2 veces.
Instalación definitiva.
Ningún viaje improvisado.
Ninguna reforma.
Ninguna sorpresa.
Habían preparado una sustitución.
Su vida salía.
La de ellos entraba.
Nuria, que observaba desde unos metros, se llevó una mano a la boca.
Uno de los agentes preguntó a Carmen si permitía que aquellas personas continuaran dentro de la vivienda.
Ella miró a su hijo.
Durante 70 años había creído que una madre debía evitar que sus hijos sufrieran incluso cuando eran adultos.
Cuando Álvaro tuvo 23 años y acumuló una