Me escondí en casa de mi vecina y vi llegar un camión de mudanzas con la familia de mi nuera. Mientras sacaban nuestra foto de boda y la dejaban junto a la basura, recordé lo que ella había dicho: “Con las cerraduras cambiadas será más difícil que monte una escena”. No lloré: llamé al 112. Entonces apareció un documento con mi firma.

e instalación definitiva”.

Carmen leyó aquellas palabras 2 veces.

Instalación definitiva.

Ningún viaje improvisado.

Ninguna reforma.

Ninguna sorpresa.

Habían preparado una sustitución.

Su vida salía.

La de ellos entraba.

Nuria, que observaba desde unos metros, se llevó una mano a la boca.

Uno de los agentes preguntó a Carmen si permitía que aquellas personas continuaran dentro de la vivienda.

Ella miró a su hijo.

Durante 70 años había creído que una madre debía evitar que sus hijos sufrieran incluso cuando eran adultos.

Cuando Álvaro tuvo 23 años y acumuló una