deuda que no podía pagar, Carmen la pagó.
Cuando tuvo 29 y perdió el empleo, Carmen cubrió durante meses su hipoteca.
Cuando su primer matrimonio terminó, Álvaro regresó a aquella misma casa y Carmen lo recibió sin preguntas.
Cuando quiso abrir un restaurante, ella puso parte del dinero inicial.
El restaurante cerró.
Carmen no se lo reprochó.
Después llegó Lucía.
Durante mucho tiempo quiso creer que el problema era ella.
Que Álvaro simplemente se dejaba llevar.
Que su hijo nunca cruzaría determinadas líneas.
Pero allí estaba la prueba.
No era