un niño manipulado.
Era un hombre de 43 años que había contratado un camión para vaciar la casa de su madre mientras ella creía estar de viaje.
—No —respondió Carmen—. No autorizo que continúen dentro.
Álvaro abrió los ojos.
—¿Nos estás echando?
—Estoy recuperando mi casa.
—¡Vivimos aquí!
—Os permití quedaros temporalmente.
—No tenemos adónde ir.
Carmen sintió la antigua reacción de siempre.
La culpa.
Apareció como un reflejo.
Durante un instante estuvo a punto de preguntar dónde dormirían.
Entonces miró otra vez su fotografía dentro de aquella caja.
La