culpa desapareció.
—Tienes 43 años, Álvaro. Tu esposa tiene familia aquí. Encontraréis una solución.
Lucía soltó una risa incrédula.
—Esto es increíble. Después de todo lo que hacemos por ti.
Carmen la miró por primera vez.
—¿Qué haces por mí?
Lucía pareció sorprendida por la pregunta.
—Vivimos contigo. Estamos pendientes.
—Vivís aquí sin pagar alquiler. Yo compro la comida. Yo pago la luz. Yo pago el agua. Yo sigo limpiando habitaciones que utilizáis vosotros.
Rafael dio un paso adelante.
—Está mayor. Debería agradecer que no esté sola.
Carmen sintió un