Me escondí en casa de mi vecina y vi llegar un camión de mudanzas con la familia de mi nuera. Mientras sacaban nuestra foto de boda y la dejaban junto a la basura, recordé lo que ella había dicho: “Con las cerraduras cambiadas será más difícil que monte una escena”. No lloré: llamé al 112. Entonces apareció un documento con mi firma.

a Granada, probablemente habría regresado 7 días después y su llave ya no habría abierto la puerta.

Aquella idea la persiguió durante semanas.

A veces despertaba a las 3:00 convencida de haber oído un coche.

Se levantaba.

Miraba desde la ventana.

Comprobaba la alarma.

Nuria empezó a cruzar cada mañana con 2 cafés.

No preguntaba demasiado.

Se sentaban en la terraza mientras el sol iluminaba las buganvillas.

—¿Lo echas de menos? —preguntó una mañana.

Carmen tardó en responder.

—Echo de menos al hijo que creía tener.

—No es exactamente