Me escondí en casa de mi vecina y vi llegar un camión de mudanzas con la familia de mi nuera. Mientras sacaban nuestra foto de boda y la dejaban junto a la basura, recordé lo que ella había dicho: “Con las cerraduras cambiadas será más difícil que monte una escena”. No lloré: llamé al 112. Entonces apareció un documento con mi firma.

llevaba años posponiendo.

Vació una habitación utilizada como almacén y la convirtió en estudio.

Colocó una mesa junto a la ventana.

Compró una butaca azul.

Puso estanterías.

Llevó allí sus novelas, fotografías antiguas y una radio que había sido de Julián.

En la pared principal colgó la fotografía de boda.

Cambió el cristal.

Conservó el marco.

La pequeña marca del golpe siguió visible.

No quiso repararla.

Le recordaba lo cerca que había estado de permitir que otros decidieran qué recuerdos merecían quedarse.

Un domingo recibió una carta de Álvaro.

La