Me escondí en casa de mi vecina y vi llegar un camión de mudanzas con la familia de mi nuera. Mientras sacaban nuestra foto de boda y la dejaban junto a la basura, recordé lo que ella había dicho: “Con las cerraduras cambiadas será más difícil que monte una escena”. No lloré: llamé al 112. Entonces apareció un documento con mi firma.

Álvaro.

Aquella frase sencilla devolvió las cosas a su sitio.

Su marido no le había dejado solo una propiedad.

Le había dejado un hogar.

Y nadie que la quisiera podía exigirle que renunciara a él para demostrar amor.

Pasaron otros 2 meses.

Una tarde sonó el timbre.

Carmen miró la cámara.

Era Lucía.

Estaba sola.

Carmen no abrió.

Habló a través del interfono.

—¿Qué quieres?

—Solo 5 minutos.

—Puedes hablar desde ahí.

Lucía bajó la mirada.

Parecía diferente.

Sin maquillaje, con el cabello recogido y el rostro cansado.

—Álvaro y