yo nos hemos separado.
Carmen guardó silencio.
—No vengo a pedirte nada —continuó Lucía—. He venido porque necesitaba decirte una cosa.
Carmen esperó.
—Fui yo quien insistió con la casa.
Aquella confesión no produjo el alivio que Lucía parecía esperar.
—Álvaro podía haber dicho que no.
—Lo sé.
—Y no lo hizo.
—Lo sé.
Lucía respiró profundamente.
—Mi padre siempre decía que era absurdo que tú vivieras sola en una casa tan grande. Empecé a pensar igual. Pensé que, como algún día sería de Álvaro, no importaba adelantar las cosas.