de una libreta, escrita años antes de que él faltara.
Había una lista de tareas.
“Llamar fontanero.”
“Comprar bombillas.”
“Revisar seguro.”
Y al final:
“Recordarle a Carmen que la casa está a nombre de los 2 y que, si algún día falto, no permita que nadie la haga sentir invitada en su propio hogar.”
Carmen se quedó inmóvil.
No recordaba haber leído aquello.
Se sentó en el suelo.
Y lloró.
No por la casa.
Ni por los documentos.
Lloró porque durante meses se había preguntado si estaba siendo cruel con