rompí a llorar.
No porque quisiera regresar con Ethan.
Lloré por la mujer que había sido una semana antes.
Por la ilusión con la que había elegido flores, música y manteles.
Por las fotografías que jamás existirían.
Por los hijos que habíamos imaginado tener.
Mi madre escuchó en silencio hasta que pude recuperar la respiración.
—Hija —dijo finalmente—, cancelar una boda no significa fracasar. Fracasar habría sido traicionarte a ti misma para evitar que los demás hablaran.
Me tapé la cara con una mano.
—Me siento tan estúpida.
—Confiar en