—¿Por qué no me lo dijeron? —pregunté.
Margaret me miró con tristeza.
—Porque él decía que tú jamás aceptarías.
—Tenía razón.
—Olivia, sé que mi hijo se ha comportado mal…
—Ha falsificado mi firma, Margaret.
Mi suegra guardó silencio.
—Y ha utilizado a toda esta familia para hacerme creer que estaba perdiendo la cabeza.
Una lágrima resbaló por su mejilla.
—No sabía eso.
—Pero sí sabías que me ocultaba sus problemas económicos.
—Sí.
Fue la primera vez que Margaret reconoció algo sin buscar una excusa.
Respiró profundamente.
—Cuando mi marido