—Víctor, ¿quién te prepara de comer?
—Una cuidadora viene cada dos días.
—¿Y los demás días?
—Me deja algo preparado. Cuando se acuerda.
Sentí una indignación difícil de describir.
Yo había estudiado tres años de enfermería antes de abandonar la carrera porque Arturo insistía en que debía dedicarme al matrimonio. Aunque nunca terminé mis estudios, sabía perfectamente que una persona con movilidad tan limitada necesitaba atención y una alimentación adecuada.
Aquella tarde fui a la tienda, compré pollo, verduras y tortillas, y preparé una sopa casera.
Cuando le llevé la