su cama.
Era una carpeta con estudios médicos y una recomendación de seguimiento en rehabilitación.
Víctor no había acudido a varias citas.
—¿Por qué dejaste de ir? —pregunté.
—Porque ya no tenía sentido. Karina decía que solo estaban quitándome dinero.
Revisé cuidadosamente el último informe.
No prometía que pudiera caminar otra vez.
Pero tampoco decía que tuviera que pasar el resto de su vida acostado.
Me senté frente a él.
—Víctor, no sé si algún día recuperarás la movilidad de tus piernas. Pero sí sé que necesitas otra valoración. No