podemos dar por terminado algo que ni siquiera se ha intentado hasta el final.
Me observó durante varios segundos.
—¿Y tú por qué quieres meterte en mis problemas?
No alcancé a responder.
Una voz conocida resonó desde la puerta principal.
—¡Mariana! ¡Ya me enteré de que corriste a la cuidadora!
Era Arturo.
Entró sin esperar permiso y soltó una carcajada al verme junto a Víctor.
—¿Qué pasó? ¿Ya empezaste a hacerla de enfermera? Te dije que aquella casa era perfecta para ti.
Lo miré con una rabia que jamás había