“¿Tan poco te importé que ni para comprar una casa entera en un lugar perdido te alcanzó?”, le pregunté a mi esposo cuando me entregó los documentos de media propiedad tras 12 años juntos. Él sonrió y dijo: “Ya verás lo que te espera”. Guardé las llaves y me fui. Al abrir aquella puerta, entendí por qué había insistido tanto en regalarme esa mitad… Advertisements

podemos dar por terminado algo que ni siquiera se ha intentado hasta el final.

Me observó durante varios segundos.

—¿Y tú por qué quieres meterte en mis problemas?

No alcancé a responder.

Una voz conocida resonó desde la puerta principal.

—¡Mariana! ¡Ya me enteré de que corriste a la cuidadora!

Era Arturo.

Entró sin esperar permiso y soltó una carcajada al verme junto a Víctor.

—¿Qué pasó? ¿Ya empezaste a hacerla de enfermera? Te dije que aquella casa era perfecta para ti.

Lo miré con una rabia que jamás había