“¿Tan poco te importé que ni para comprar una casa entera en un lugar perdido te alcanzó?”, le pregunté a mi esposo cuando me entregó los documentos de media propiedad tras 12 años juntos. Él sonrió y dijo: “Ya verás lo que te espera”. Guardé las llaves y me fui. Al abrir aquella puerta, entendí por qué había insistido tanto en regalarme esa mitad… Advertisements

único que todavía conservaba de mí.

Mi miedo.

PARTE 3

—Sal de aquí, Arturo —le dije, señalando la puerta.

Mi esposo dejó de sonreír.

—¿Cómo dices?

—Que salgas de mi casa. Ya no tienes derecho a entrar cuando se te antoje.

—No olvides quién pagó esta propiedad.

—Y tú no olvides que firmaste la escritura de cesión. Ahora esa mitad me pertenece legalmente.

Arturo abrió la boca para responder, pero Víctor se adelantó.

—La otra mitad es mía. Así que, por primera vez en mucho tiempo, los dos propietarios estamos