de acuerdo en algo: queremos que te vayas.
La expresión de Arturo cambió.
Quizá esperaba encontrarnos avergonzados, suplicando su ayuda. En cambio, estaba frente a dos personas que ya no tenían intención de obedecerlo.
—Van a arrepentirse —murmuró.
—Puede ser —respondí—. Pero al menos será una decisión nuestra.
Cuando cerré la puerta, mis piernas comenzaron a temblar.
Víctor me miró desde su cama.
—¿Estás bien?
Me apoyé contra la pared y solté una carcajada nerviosa.
—Creo que acabo de correr a mi marido de una casa que comparto con un