desconocido.
—Bueno, técnicamente, soy tu vecino.
Nos echamos a reír.
Y aquella risa, tan inesperada después de una mañana horrible, fue el comienzo de algo que ninguno de los dos había imaginado.
Durante los días siguientes organicé mi vida.
No podía renunciar al trabajo, así que hablé con la encargada de la clínica para concentrar mis turnos en cuatro días. También fui con Víctor a revisar sus gastos y buscar una persona confiable que pudiera ayudarlo mientras yo estaba fuera.
La cuidadora anterior llevaba meses aprovechándose de él. No solamente