abusos por miedo a quedarse sin ayuda.
Los dos habíamos terminado creyendo que depender de alguien significaba perder el derecho a defendernos.
Aquella noche establecimos un acuerdo.
Yo contribuiría con los gastos de la casa y prepararía comida para ambos. Él pagaría su atención personal con su pensión y sus ahorros. También buscaríamos apoyo profesional para mejorar su movilidad.
—Pero hay algo importante —le advertí—. No voy a decidir por ti. Si necesitas ayuda, me la pides. Y si no quieres hacer algo, también puedes decirlo.
Víctor me miró con