“¿Tan poco te importé que ni para comprar una casa entera en un lugar perdido te alcanzó?”, le pregunté a mi esposo cuando me entregó los documentos de media propiedad tras 12 años juntos. Él sonrió y dijo: “Ya verás lo que te espera”. Guardé las llaves y me fui. Al abrir aquella puerta, entendí por qué había insistido tanto en regalarme esa mitad… Advertisements

cómo gastarlo.

Durante años, Arturo me exigió depositar mi sueldo en una cuenta que él administraba. Siempre había dinero para sus reuniones con amigos, sus zapatos caros y sus escapadas de fin de semana.

Para mí, en cambio, nunca alcanzaba.

Todavía recuerdo cuando le pedí dinero para reemplazar unas botas que llevaba cuatro años usando.

—No inventes necesidades, Mariana. Aprende a administrar lo que tienes —me contestó.

Tres días después apareció con un reloj de dieciocho mil pesos.

La situación empeoró cuando descubrí que tenía otra mujer.

Se llamaba Fernanda.