madre.
Víctor dejó su taza sobre la mesa.
—¿Un médico te diagnosticó algún problema?
Negué con la cabeza.
—Nunca nos hicimos estudios completos. Él decía que si no teníamos hijos era culpa mía.
—Entonces no sabía de qué estaba hablando.
—Lo peor es que terminé creyéndole.
Víctor me tomó la mano por un instante.
—No dejes que la crueldad de alguien se convierta en la verdad que cuentas sobre ti.
Aquellas palabras me acompañaron durante semanas.
Y quizá por eso, cuando Arturo volvió a aparecer, ya no consiguió lastimarme como