“¿Tan poco te importé que ni para comprar una casa entera en un lugar perdido te alcanzó?”, le pregunté a mi esposo cuando me entregó los documentos de media propiedad tras 12 años juntos. Él sonrió y dijo: “Ya verás lo que te espera”. Guardé las llaves y me fui. Al abrir aquella puerta, entendí por qué había insistido tanto en regalarme esa mitad… Advertisements

vuelta para que no me viera llorar.

Cuando cumplimos seis meses viviendo juntos, nuestra casa ya no se parecía a aquella que encontré el primer día.

El refrigerador estaba lleno. Había plantas en las ventanas y una mesa en el jardín.

Víctor pasaba varias horas fuera de su habitación.

Algunas tardes nos sentábamos bajo el limonero.

Hablábamos de nuestras infancias, de nuestros trabajos y de los sueños que habíamos abandonado.

Una noche le confesé algo que nunca había contado en voz alta.

—Arturo decía que yo no servía para ser