me encontró sentada en el jardín.
—Escuché algunas cosas —confesó—. Perdona si mi situación te está causando problemas.
Lo miré sorprendida.
—¿Todavía crees que eres un problema?
—No quiero que sientas que debes quedarte aquí por mí.
Me acerqué a su silla.
—Víctor, llevo meses viviendo por primera vez como quiero. Regresé a la escuela para terminar enfermería. Tengo mis propios ingresos. Puedo irme cuando quiera.
—Lo sé.
—Entonces entiende algo: sigo aquí porque soy feliz.
Sus ojos se humedecieron.
Después de un largo silencio, me preguntó:
—¿Y podría ser