“¿Tan poco te importé que ni para comprar una casa entera en un lugar perdido te alcanzó?”, le pregunté a mi esposo cuando me entregó los documentos de media propiedad tras 12 años juntos. Él sonrió y dijo: “Ya verás lo que te espera”. Guardé las llaves y me fui. Al abrir aquella puerta, entendí por qué había insistido tanto en regalarme esa mitad… Advertisements

que algún día fueras feliz conmigo de otra manera?

Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.

Durante meses había intentado ignorar lo que estaba creciendo entre nosotros.

Lo buscaba al regresar del trabajo. Me emocionaban sus mensajes. Me gustaba verlo concentrado frente a su computadora y escuchar sus comentarios absurdos mientras cocinaba.

Pero tenía miedo.

Miedo de volver a confundir cariño con obligación.

—No quiero que pienses que estoy contigo porque necesitas ayuda —le dije.

Víctor sonrió.

—Y yo no quiero que pienses que te amo porque me preparas