“¿Tan poco te importé que ni para comprar una casa entera en un lugar perdido te alcanzó?”, le pregunté a mi esposo cuando me entregó los documentos de media propiedad tras 12 años juntos. Él sonrió y dijo: “Ya verás lo que te espera”. Guardé las llaves y me fui. Al abrir aquella puerta, entendí por qué había insistido tanto en regalarme esa mitad… Advertisements

la cena.

Nos quedamos mirándonos.

Entonces me incliné y lo besé.

Fue un beso sencillo, sin promesas grandiosas.

Pero aquella noche comprendí que el amor podía empezar de una manera completamente distinta a la que yo había conocido.

No construimos nuestra relación alrededor de su discapacidad.

La construimos alrededor de nuestras decisiones.

Seguimos trabajando, discutiendo por tonterías y aprendiendo a convivir.

Víctor insistió en contratar apoyo adicional para su cuidado personal. Quería mantener su autonomía y evitar que nuestra relación se transformara en una obligación permanente para mí.

Yo terminé