mis estudios pendientes y conseguí un mejor puesto en la clínica.
Los fines de semana salíamos a pasear por el centro de Puebla o visitábamos a algunos amigos.
Hubo personas que hicieron comentarios desagradables.
Una conocida incluso me preguntó por qué había elegido a un hombre que quizá nunca podría caminar.
Le respondí:
—Porque cuando hablo, me escucha. Cuando estoy cansada, se preocupa por mí. Y cuando tengo un sueño, no intenta hacerlo más pequeño para sentirse superior.
No volvió a preguntarme nada.
Los meses siguientes trajeron avances, pero también