semanas de retraso.
Compré una prueba de embarazo sin decirle nada a Víctor.
La hice en el baño de la clínica.
Dos líneas aparecieron frente a mis ojos.
Me quedé sentada sobre la tapa del sanitario, con la prueba entre las manos, incapaz de moverme.
Durante doce años había escuchado que mi cuerpo estaba defectuoso.
Que nunca tendría hijos.
Que debía agradecer que un hombre aceptara vivir conmigo.
Y ahora, a mis 38 años, estaba mirando una prueba positiva.
Acudí al médico para confirmarlo.
Cuando escuché el latido del bebé