“¿Tan poco te importé que ni para comprar una casa entera en un lugar perdido te alcanzó?”, le pregunté a mi esposo cuando me entregó los documentos de media propiedad tras 12 años juntos. Él sonrió y dijo: “Ya verás lo que te espera”. Guardé las llaves y me fui. Al abrir aquella puerta, entendí por qué había insistido tanto en regalarme esa mitad… Advertisements

segundos.

Luego levantó la mirada.

—Mariana… ¿esto significa…?

Asentí.

—Vamos a tener un bebé.

Se llevó las manos al rostro.

Nunca lo había visto llorar de aquella manera.

—¿De verdad voy a ser papá?

—Sí, Víctor.

Me abrazó con tanta fuerza que ambos terminamos riendo entre lágrimas.

Después apoyó una mano sobre mi vientre.

—No sé si algún día podré enseñarle a caminar —susurró—. Pero prometo enseñarle a no rendirse.

Lo abracé.

—Y yo prometo enseñarle que nadie tiene derecho a hacerle sentir que vale menos por ser diferente.

Al