segundos.
Luego levantó la mirada.
—Mariana… ¿esto significa…?
Asentí.
—Vamos a tener un bebé.
Se llevó las manos al rostro.
Nunca lo había visto llorar de aquella manera.
—¿De verdad voy a ser papá?
—Sí, Víctor.
Me abrazó con tanta fuerza que ambos terminamos riendo entre lágrimas.
Después apoyó una mano sobre mi vientre.
—No sé si algún día podré enseñarle a caminar —susurró—. Pero prometo enseñarle a no rendirse.
Lo abracé.
—Y yo prometo enseñarle que nadie tiene derecho a hacerle sentir que vale menos por ser diferente.
Al