“¿Tan poco te importé que ni para comprar una casa entera en un lugar perdido te alcanzó?”, le pregunté a mi esposo cuando me entregó los documentos de media propiedad tras 12 años juntos. Él sonrió y dijo: “Ya verás lo que te espera”. Guardé las llaves y me fui. Al abrir aquella puerta, entendí por qué había insistido tanto en regalarme esa mitad… Advertisements

vieja, pero habitable. No seas exigente.

El sábado siguiente llegué con dos maletas, algunas cajas y lo poco que había logrado conservar.

Para mi sorpresa, encontré una casa amplia, con un pequeño jardín y un limonero junto a la entrada.

Por primera vez en semanas sonreí.

Tal vez podía empezar de nuevo.

Pero al abrir la puerta noté algo extraño.

No había dos viviendas separadas.

Solo una cocina, una sala y varias habitaciones comunicadas entre sí.

También percibí un intenso olor a medicamentos.

Avancé lentamente hasta encontrar una puerta entreabierta.