En el interior había un hombre de aproximadamente cuarenta años, acostado sobre una cama adaptada. A su lado descansaba una silla de ruedas.
El desconocido me observó sin sorpresa.
—Buenas tardes. Tú debes ser la mujer a la que le vendieron la mitad de mi casa.
Me quedé inmóvil.
—¿Cómo que su casa?
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El hombre señaló la habitación.
—Soy Víctor. La otra mitad me pertenece. Y, como podrás ver, no puedo caminar.
Sentí que el estómago