“¿Tan poco te importé que ni para comprar una casa entera en un lugar perdido te alcanzó?”, le pregunté a mi esposo cuando me entregó los documentos de media propiedad tras 12 años juntos. Él sonrió y dijo: “Ya verás lo que te espera”. Guardé las llaves y me fui. Al abrir aquella puerta, entendí por qué había insistido tanto en regalarme esa mitad… Advertisements

En el interior había un hombre de aproximadamente cuarenta años, acostado sobre una cama adaptada. A su lado descansaba una silla de ruedas.

El desconocido me observó sin sorpresa.

—Buenas tardes. Tú debes ser la mujer a la que le vendieron la mitad de mi casa.

Me quedé inmóvil.

—¿Cómo que su casa?

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El hombre señaló la habitación.

—Soy Víctor. La otra mitad me pertenece. Y, como podrás ver, no puedo caminar.

Sentí que el estómago