se me hundía.
Entonces Víctor pronunció unas palabras que me hicieron comprender la crueldad de Arturo.
—Dime una cosa, Mariana… ¿Tu esposo no te contó que, al comprar media casa, también ibas a compartirla con un hombre que lleva dos años sin poder levantarse de esta cama?
Y lo peor era que Arturo no había cometido ningún error.
Lo había planeado.
PARTE 2
Mi primera reacción fue buscar el teléfono y llamar a Arturo.
Quería gritarle, preguntarle cómo había sido capaz de hacerme semejante cosa.
Pero miré a Víctor, recostado