“¿Tan poco te importé que ni para comprar una casa entera en un lugar perdido te alcanzó?”, le pregunté a mi esposo cuando me entregó los documentos de media propiedad tras 12 años juntos. Él sonrió y dijo: “Ya verás lo que te espera”. Guardé las llaves y me fui. Al abrir aquella puerta, entendí por qué había insistido tanto en regalarme esa mitad… Advertisements

se me hundía.

Entonces Víctor pronunció unas palabras que me hicieron comprender la crueldad de Arturo.

—Dime una cosa, Mariana… ¿Tu esposo no te contó que, al comprar media casa, también ibas a compartirla con un hombre que lleva dos años sin poder levantarse de esta cama?

Y lo peor era que Arturo no había cometido ningún error.

Lo había planeado.

PARTE 2

Mi primera reacción fue buscar el teléfono y llamar a Arturo.

Quería gritarle, preguntarle cómo había sido capaz de hacerme semejante cosa.

Pero miré a Víctor, recostado